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Todas somos Juana

Por Eva Valldeperas

El día de la mujer, 8 de Marzo. 

El día del padre, 19 de Marzo.

Tan cerca y tan lejos. La mujer y el padre. 

A ver, empecemos de nuevo.

La mujer.

La papisa Juana, fue una mujer que ocultó su identidad para ser nombrada papa en el año 855 (bajo el nombre de Benedicto III o Juan VIII, no se aclaran…) y que dos años después dio a luz en una procesión pública lo que la llevó a la lapidación y a que, desde entonces, los papas pasasen por una verificación de virilidad sentándose en una silla perforada por donde pendían sus virtudes. Si todo está correcto, se grita “Duos habet et bene pendentes” (“Tiene dos y cuelgan bien”).

Y esto anterior es lo que dice la leyenda, que no sabemos si es verdad o todo lo contrario, sobre una mujer que no podía alcanzar su sueño por no tener “duos pendentes”.

1.169 años han pasado desde la papisa Juana y seguimos igual.

Damos como válido que el vaticano únicamente puede ser capitaneado por un hombre.

Las mujeres ocupan 245 de escaños parlamentarios a nivel planetario.

El 5% de las alcaldías worldwide.

153 países tienen leyes que discriminan económicamente a las mujeres en sus trabajos.

De 781 millones de analfabetos en el mundo, dos terceras partes son mujeres.

El salario de las mujeres, de media, es un 24% más bajo que el de los hombres.

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Continuemos.

El padre.

El día del padre en Spain lo ideó en 1948 una mujer, una profesora de esas que olían a pupitre de madera y tiza, Manuela Vicente Ferrero. Y surgió a petición de los padres (masculinos) de sus alumnos “porque nosotros también queremos a nuestros hijos” y puestos a decidir el día, hagámoslo el día de San José, modelo de padre, humilde, trabajador, cristiano.

Lo publicaron en varias revistas de la época “Magisterio español”, “El correo de Zamora”, se difundió en Radio Nacional de España, un poco de impulso desde la desaparecida “Galerías Preciados” y el “Corte Inglés” y ¡listo! ya tenemos día del padre.

Pero un padre es mucho más que la mitad de tu estructura genética, aunque en ocasiones se limita únicamente a eso. Sea como sea lo que tu padre te ha dado o te ha quitado la relación padre-hija es siempre un tema.

Se supone que esta relación se ha de construir sobre una base de amor, confianza y comunicación, pero cómo es ese amor, que nivel de confianza hay y de que calidad es la comunicación determinan no solo la relación con el padre sino con el género masculino en un futuro. 

Yo, sin ir más lejos, tuve un padre que me quería pero para el que yo no era su prioridad, con un carácter volátil la confianza era poca y la comunicación muy difícil. 

En definitiva, lo que mi padre me quitó fue la confianza en mi misma.

Y visto el panorama de inseguridades femeninas globales, casi me atrevería a afirmar que son pocas las mujeres que tuvieron un padre implicado en sus vidas, que las apoyaban e incentivaban a ser mejores, que las empoderaban a tomar riesgos, que promovían una relación positiva con su cuerpo o las validaban constantemente sin importar el logro. 

Y de eso, de las inseguridades, se ha nutrido el género opuesto para, enlazando con el tema anterior, mantener a las mujeres a raya, o abajo, o con menos derechos, o con ninguno.

Así que no, tampoco voy a celebrar el día del padre. Lo celebraré cuando los hombres den a sus hijas lo que estas realmente necesitan para crecer en igualdad que los hijos y de esta forma convertir el mundo en un lugar donde todos estemos en igualdad de condiciones.

¡Aunque al paso que vamos, tal vez tenga que esperar otros mil ciento sesenta y nueve años… y no me va a dar tiempo!